miércoles, 12 de noviembre de 2008

Critica Teatral (Gabriel Peralta)

En la obra El calor del cuerpo, con dramaturgia y dirección de Agustina Muñoz, se pude percibir una cadencia que rememora al teatro “chejoviano”.
Porque es en ese aparente no suceder, y en su aletargamiento de las acciones y las palabras, en donde subyace un torrente de conflictos, que no necesitan ni siquiera su enunciación para que se perciban. Los temas fútiles, los deseos apenas sugeridos, las palabras para encubrir y descubrir sentimientos, son piezas de un rompecabezas articuladas estupendamente por Muñoz, para crear un cuadro de una fina sensibilidad.
Colaboran para crear este estado, las muy buenas actuaciones de Cecilia Rainero, María Villar, Eduardo Iacono y Lucas Ferraro, en un registro de actuación, arriesgado, casi minimalista, que es sostenido a lo largo de toda la obra, sin que en ningún momento decaiga su intensidad. Es de destacar el momento del baile entre Rainero y Iacono, que reúne en si mismo múltiples sensaciones.
La instalación escenográfica de Manuel Ameztoy es maravillosa, ya que coloca la obra en un plano irreal, pero con una fuertísima pertenencia.
El muy bueno (y sofocante) diseño de luces de Leo D´Aiuto es factor determinante en el clima de la obra.
El vestuario de Flavio López Foco se entrelaza armónicamente con el espacio y las luces.
El amor, el desamor, la fragilidad de las relaciones, son algunos de los temas que sin nombrarlos, pasan por El calor del cuerpo.

2 comentarios:

La vuelta de Saturno dijo...

es cierto
el momento del baile tiene algo tan ... de necesidad de algo fresco

pobres criaturas

nada, sera el calor que me tiene asi

Barbara dijo...

y llegó la tormenta que estaba anunciada...
esa que deseaba ana